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domingo, 7 de noviembre de 2010

La persecución religiosa durante el gobierno de Elías Calles

Y así llegamos al tema más fragoso de esta serie: la persecución religiosa durante el periodo revolucionario, cuyo clímax ocurrió durante el gobierno del Presidente Plutarco Elías Calles.  

Y aunque este espacio no me permite describir su desarrollo histórico completo, debo explicar que sus orígenes se remontan a la segunda  mitad del siglo XVIII, durante la Ilustración, cuando inició el conflicto entre los poderes de la Iglesia y de los nacientes Estados seculares. 

Posteriormente, el conflicto se expresa en México durante la época del Liberalismo a través de la Constitución de 1857, y aún después, el Porfirismo diseñaría un “modus vivendi” en el que el Estado voltaba la cabeza a otro lado al momento de hacer cumplir la Constitución del 57 en cuestiones eclesiales, ignorando las violaciones a ésta. 

Sin embargo, cuando estalla la Revolución Mexicana, el Estado revolucionario buscó tomar las riendas de la espiritualidad social, no únicamente en el campo de las artes sino también en el de la cultura y la religión, y así se reanudó la pugna secular-religiosa.

Aquí, en Sonora, el conflicto inició durante la gubernatura de Plutarco Elías Calles cuando éste ordenó, el 16 de marzo de 1916, la expulsión inmediata de todos los sacerdotes del Estado y el cierre de los templos, entre ellos el nogalense de la Purísima Concepción, que fue clausurado. No sería sino hasta 1918 cuando permitió la entrada temporal de sacerdotes al Estado a realizar servicios religiosos, y en abril de 1919 firmó un decreto que establecía una cuota de un sacerdote por cada diez mil habitantes: 26 en total para todo Sonora. Para entonces, había sido promulgada la Constitución nacional de 1917, que en sus artículos tercero y ciento treinta reforzaba la separación Iglesia –Estado, además de la preponderancia del poder secular sobre el religioso. 

 El segundo periodo de crisis entre ambos poderes tuvo sus antecedente más claro en 1925, cuando un grupo de hombres armados de la C.RO.M. se presentaron en el templo de La Soledad de Santa Cruz, de la Cd. de México, acompañando a dos sacerdotes,  José Joaquín Pérez y  Luis Manuel Monge y se apoderaron del templo. Debido a las protestas y hechos violentos que provocó esta situación, el 24 de Febrero el Presidente Plutarco Elías Calles (1924-1928) declaró expropiado el templo de La Soledad, al que destinó para biblioteca, y entregó a los cismáticos el templo de Corpus Christi en la avenida Juárez, frente a la Alameda, el que había sido expropiado mucho antes: Ahí inició el "Patriarca" Pérez la que llamó Iglesia Católica Apostólica Mexicana. 

Poco después, ya en 1926, el periódico El Universal publicó unas declaraciones que había realizado el Arzobispo de México, José Mora del Río:

“La doctrina de la Iglesia es invariable, porque es la verdad divinamente revelada. La protesta que los prelados mexicanos formulamos contra la Constitución de 1917 en los artículos que se oponen a la libertad y dogmas religiosos, se mantiene firme. No ha sido modificada sino robustecida, porque deriva de la doctrina de la Iglesia. La información que publicó El Universal de fecha 27 de enero en el sentido de que emprenderá una campaña contra las leyes injustas y contrarias al Derecho Natural, es perfectamente cierta. El Episcopado, clero y católicos, no reconocemos y combatiremos los artículos 3o., 5o., 27 y 130 de la Constitución vigente. Este criterio no podemos, por ningún motivo, variarlo sin hacer traición a nuestra Fe y a nuestra Religión”.

Estas declaraciones que, aunque el mismo Mora del Río declaró que eran extemporáneas,  llevaron al Presidente Plutarco Elías Calles a reglamentar esos artículos de la Constitución, y el 2 de julio fue promulgada la conocida como Ley Calles, que ordenaba el cierre de todos los monasterios y conventos, la expropiación de algunos templos, y la expulsión de más de 200 sacerdotes y monjas extranjeros. Estas disposiciones llevaron, a su vez, a que los Obispos emitieran una pastoral suspendiendo el culto a partir del 31 de julio, cuando entraría en vigor la ley Calles. Unas semanas después iniciaba una insurrección, la Guerra Cristera, que duraría tres años y abarcaría principalmente los Estados de Jalisco, Colima y Michoacán, mientras que en lo político vendría la reelección de Álvaro Obregón, su asesinato, y el gobierno provisional de Emilio Portes Gil (1928-1930).

Durante el periodo de este último, a instancias del Embajador Estadounidense, Dwight Morrow, se llegó a un acuerdo, el 21 de junio de 1929, entre el Presidente y el Obispo de Michoacán, Leopoldo Ruiz Flores, por el que terminó la guerra cristera. El Estado conservó el status prebélico y la Iglesia reanudó el culto.
Finalmente, el tercer periodo de suspensión de cultos inició, aquí en Sonora, en 1931 bajo la gubernatura de Rodolfo Elías Calles Chacón (1931-1935). En noviembre de 1931 ordenó reducir el número de sacerdotes a uno por cada 20 mil habitantes y así quedaron 16 sacerdotes para administrar más de 90 templos católicos en Sonora; gran cantidad de templos fueron clausurados, santos quemados, y los sacerdotes tuvieron que acudir a la clandestinidad para oficiar.

Entre 1933 y 34, al menos 26 iglesias y capillas católicas y protestantes sonorenses pasaron a propiedad de sindicatos y de otras organizaciones. La de Magdalena y la catedral de Hermosillo corrieron esta suerte, y el de La Purísima Concepción de Nogales fue clausurado nuevamente; mientras, el Estado organizaba actos dominicales que pretendían reemplazar los oficios religiosos por actividades culturales para controlar la mente juvenil. 

El templo de Magdalena, durante la época en que estuvo clausurado y convertido en oficinas.

Poco después, miembros de la sociedad se organizaron en oposición al gobierno conforme se aproximaban las elecciones para renovación de Gobernador, aunque resultó electo Ramón Ramos, un Callista. En lo nacional, afloró entonces la pugna entre el nuevo Presidente, Lázaro Cárdenas (1934-1940), y Elías Calles, quien había conservado el control nacional detrás de bambalinas.

En Sonora, Pablo Rebeil en el Distrito de Altar, y José María Suárez en el de Magdalena, se levantaron en armas en octubre de 1935 contra el gobernador Ramos, lo que aprovechó Cárdenas para hacer desaparecer los poderes del Estado y extirpar a los callistas en Sonora. Además, en abril de 1936 desterró al expresidente Elías Calles del país. Seguiría la reanudación de cultos, y el 1 de junio de 1937 fueron reabiertos los templos católico y metodista de Nogales, y así terminó el conflicto.

Estos breves párrafos bosquejan los principales hechos de la negociación entre el Estado y la Sociedad, con la intermediación de la Iglesia, en la definición de las reglas de interacción Estado-Sociedad en lo religioso durante el régimen posrevolucionario; pero también, nos muestran el acotamiento del poder secular sobre la espiritualidad mexicana, que estableciera entonces la sociedad del país.

viernes, 12 de febrero de 2010

La Fundación de Nogales

El momento de la fundación de Nogales, igual a como sucedió con la mayoría de las poblaciones, no ocurrió cuando llegó el primer poblador, lo que sería imposible determinar, ni tampoco cuando se establecieron ranchos, aduanas, estaciones u otra cosa en el lugar. El momento de la fundación de una población se reconoce como aquel en que es emitido un documento oficial que le da sustento jurídico a la nueva comunidad. Así pasó con la mayoría de las poblaciones de nuestro país, México, o con las de Estados Unidos o de cualquier lugar del mundo. 

La fecha reconocida como de la fundación de Hermosillo, por ejemplo, no fue cuando se estableciera una ranchería indígena allí, momento que no podríamos saber cuándo ocurrió, sino que Hermosillo fue fundado el 18 de mayo de 1700, día de la Santísima Trinidad, día en que el Alférez Juan Bautista Escalante llegó y visitó la ranchería indígena allí establecida, ordenando, además, que en el lugar “ahora y siempre vivirían en dicha ranchería y que harían pueblo en forma, agregando y llamando a otros de su misma nación, para que vivan juntos.”

Tucsón tampoco reconoce como la fecha de su fundación cuando se estableció la primera comunidad indígena en el lugar, que también sería imposible determinar ya que se encuentran asentamientos antiquísimos en ese valle que se remontan al Arcaico, ni tampoco se asigna su fundación a cuando el padre Kino visitara el lugar en 1697. El momento de la fundación de Tucsón, universalmente reconocido, ocurrió el 20 de agosto de 1775, día en que el Corl. Hugo O´Connor, después de visitar el lugar, firmó un documento en el que certificaba que: “elegí y señalé a presencia del Rdo. Padre Fr. Francisco Garcés y el Tte. Don Juan de Carmona para la nueva ubicación del referido Presidio y con la denominación de San Agustín del Toixon.”

Igualmente, y en el caso de Nogales, el momento de la fundación de esta población ocurrió al ser decretada la Ley No. 29 por el Congreso del Estado el 9 de julio de 1884, firmada por el Gobernador Luis E. Torres el día siguiente, y publicada el día 11, ley que erigía en municipalidad a Nogales.

Pero aún más, esta ley prevenía también la posesión jurídica, por el gobierno, del terreno de la nueva población de Nogales, ya que en su Artículo 2 facultaba al Gobernador del Estado “para que arregle” con los dueños del rancho Los Nogales, la adquisición del terreno necesario “para facilitar el progreso de la citada municipalidad.”

Para entonces, los dueños del terreno no eran únicamente miembros de la familia Elías, ya que ellos habían vendido secciones indivisas (es decir, áreas no definidas dentro de la posesión general) del terreno a otras personas. El principal condueño, aparte de los Elías, era Don José Camou, quien había adquirido en 1871 una importante parte del terreno, y el 11 de agosto de 1882 había denunciado las demasías del rancho (4,631.2 Has.), pero además se encontraba la pertenencia que le correspondía a Don José Pierson.

El terreno del Rancho Los Nogales, como hemos visto en artículos anteriores, y muestro en el mapa adjunto (que es interactivo, ya que puedes acercarte y alejarte, así como cambiar el tipo de mapa con los controles que aparecen en el mismo) abarcaba 7 y medio sitios de terreno con dos caballerías (equivalentes a 13,209.8 Has) y comprendía desde el actual Puerto de Encinas en Nogales, Sonora, hasta la confluencia de las actuales Ave. Grand con Mariposa en Nogales, Arizona, calles que, obviamente, no existían entonces y frontera internacional que tampoco había. Poco después la porción del terreno que quedó dentro del Territorio de Arizona, llevó a que José Camou reclamara ante las autoridades estadounidenses su posesión en la Unión Americana, pero ese será tema de un artículo posterior.

Así fue cómo nació nuestra población, convirtiéndose en unos cuantos meses en una de las poblaciones más pujantes en el Estado.  El 5 de Diciembre de ese año, 1884, los hermanos Próspero y Aurelio Sandoval, guaymenses, inauguraban la primera agencia aduanal nogalense. Este fue un momento emblemático que reconocía la vocación que este lugar había tenido desde tiempos inmemoriales y que le sería heredada a nuestra población: un lugar estratégico para realizar el comercio.

Al ser fundado el municipio quedaron comprendidos dentro de su jurisdicción, hacia el Este los ranchos de Santa Bárbara y Buenavista que todavía no adquiría Don Manuel Mascareñas, ya que él llegaría hasta 1885, y por el Oeste el rancho de La Arizona, de un bisabuelo del autor de estas líneas, así como los aledaños al mismo, minerales de Planchas de Plata, Pajarito, Promontorio, La Plomosa y El Durazno.