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domingo, 28 de marzo de 2010

Nogales y el contrabando de armas durante la revolución

La semana pasada, en esta serie que presento en conmemoración del Centenario de la Revolución, describía cómo trajeron los revolucionarios constitucionalistas un avión de contrabando a Sonora en 1913. Pero además hubo otros casos de contrabando de armas por Nogales, en incidentes que nos ilustran sobre los métodos ideados para llevar a cabo este comercio subrepticio en la frontera.

El lunes 12 de mayo de 1913 eran acusados J W Wright, Jefe de Policía de Nogales, Arizona, un personaje de Nogales, Sonora y Jack Wilson, mesero del bar del hotel Montezuma de Nogales, Arizona (en la foto de la derecha aparece el Hotel Montezuma, en foto tomada durante la década de 1940), de violar el embargo estadounidense existente contra la exportación de armas a México; pero lo más grave, de intentar robar y contrabandear hacia Sonora armas y municiones adquiridas ilegalmente en el campamento militar estadounidense establecido en la vecina población.

Todo había empezado cuando el mesero del Montezuma le había preguntado varias veces al cabo Leon D. Smith si podría adquirir forraje, armas y municiones del campamento, y el sábado 10, Wilson lo había llevado a su cuarto del hotel, en donde un sonorense ofreció pagarle $40 por millar de balas y $8 por cada pistola que el militar le entregase, a lo que Smith le respondió que vería cuantas podía obtener.

Ya de regreso a su campamento, el cabo les reportó el incidente a sus superiores, quienes idearon un plan para arrestar a los conjurados. Así fue como el cabo Smith acudió el día siguiente, domingo, al hotel Montezuma y le dijo al mesero que le entregaría entre 41,000 y 42,000 balas, y una caja con 60 pistolas. Al rato se presentaba también el Jefe de Policía de Nogales, Arizona, a quien por separado el militar le dijo que se sentía mal porque estaban cometiendo un acto ilegal. La respuesta que obtuvo del policía fue que no se preocupara, que todo estaba bien, "aquí somos algo así como la policía de Nueva York, nada de esto puede hacerse si no entramos en el trato."

En seguida, y siguiendo las instrucciones de sus superiores, el militar les pidió a los conjurados que lo acompañaran al campamento militar para recogerlas. Eso hicieron, y cuando iban cargando las cajas de regreso a Nogales, Sonora, fueron arrestados, y un día después, al cruzar la frontera, el sonorense fue también detenido.

Una semana más tarde, las autoridades de Nogales, Sonora, le  presentaban a las autoridades estadounidenses una confesión firmada por un joven que habían detenido, José A. Manuel, en la que éste implicaba a varios mexicanos, enemigos de los constitucionalistas y que vivían refugiados en Nogales, Arizona, en un intento de comprar "armas, municiones, petróleo para quemar algunos edificios y puentes de Nogales, Sonora y Hermosillo". Los acusados en esta nueva denuncia eran: Luis Estrella, Antonio León, Alberto Mascareñas, Carlos F. Moctezuma, Cayetano Montenegro, Adolfo Pecina, Cosme Rivero y Gabriel Torrero, por lo que las autoridades de Arizona ordenaron a su vez el arresto de este otro grupo e iniciaron una investigación penal.

El día 26 se realizaba la primera audiencia sobre esta última acusación y se consiguió que el muchacho que había firmado la confesión fuese entregado por las autoridades sonorenses para que declarara en Arizona. Sin embargo, al verse ya libre en territorio arizonense se desdijo, agregando que no conocía a ninguno de los acusados,  que en la cárcel lo habían visitado tanto Calles como el Mayor Orozco, ordenándole que confesara que los mencionados le habían pedido adquirir esas armas, que el mismo Mayor Orozco había escrito la confesión y luego lo había llevado a una cañada, en las afueras de Nogales, en donde le dijeron que si no la firmaba ahí mismo, lo matarían. Así que tuvo que signarla.

Al escuchar esta declaración verbal del muchacho, el juez ordenó que los acusados quedaran libres, agregando que, en su opinión "todo este complot es un esfuerzo de parte de las autoridades estatales [sonorenses] para lograr inmunidad para los implicados en el asunto de las armas del ejército".

Por otro lado, el juicio de los acusados de robo de armas del campamento militar fue diferido hasta fines de ese año. Es posible que haya habido un acuerdo no divulgado entre las autoridades estadounidenses y los constitucionalistas: a cambio de olvidar el problema legal, los constitucionalistas se comprometerían a no intentar importar armas a Sonora por Nogales.

Supongo esto porque desde ese momento Nogales no vio la abundancia de casos de contrabando de armas durante los periodos estadounidenses de embargo, contrabandos que por otro lado sufrirían Naco, Agua Prieta y Cd. Juárez, en donde se intensificarían al grado de que el periódico Washington Post llegó a denunciar en 1915 a una tienda en El Paso que había vendido rifles Winchester y balas, durante los dos años anteriores, suficientes para matar a cada uno de los habitantes de México.

sábado, 20 de marzo de 2010

Nogales y el biplano Sonora

Todos conocemos la importancia  tan fundamental que tuvo Nogales para la revolución mexicana. Esta se debió a que por el principal puerto sonorense los revolucionarios exportaban el ganado y demás productos sonorenses con que financiaban la adquisición de armas, también adquiridas en Arizona. Esa fue también la causa por la que Nogales haya sido la primera población que tomó Alvaro Obregón, el 13 de marzo de 1913, después del cuartelazo de Huerta, la muerte de Madero y el subsecuente desconocimiento a su gobierno por parte de Carranza y los sonorenses, al iniciarse la campaña militar constitucionalista.

A tal grado llegaría por entonces la preponderancia de Nogales como puerto internacional, que convirtió a Arizona durante la mayor parte de esa década en el segundo lugar en importancia de los EEUU, tanto en importaciones como exportaciones -después de Nueva York- como puerto comercial con México.

Hay que recordar que esta importancia se logró a pesar de que el presidente estadounidense, William Taft, había ordenado, el 14 de marzo de 1912, el embargo de armas destinadas a nuestro país, aunque se permitía al gobierno mexicano la importación de materiales bélicos, concediéndose o no el permiso después de un análisis de caso por caso, lo cual beneficiaba únicamente a los Huertistas.

Asociados con este embargo, abundaron los ejemplos de contrabando de armamento hacia Sonora en incidentes que nos ilustran sobre los métodos que se habían ideado por entonces para llevar a cabo este comercio subrepticio en la frontera nogalense.

Por ejemplo, una adquisición muy importante para los constitucionalistas después de la toma de Nogales fue la compra de un avión por Ramón P. Denegri y Santiago Camberos, el mes de abril de 1913 en Los Angeles, o sea apenas un mes después de la toma de Nogales por Obregón.

Este era un biplano marca Martin, de un solo asiento, que costó alrededor de $4,500 dlls. y se adquirió cuando el agente del Banco Nacional de México en Nogales, de apellido Sotomayor, giró $5,700 en favor de Camberos y Julio Piña, a través del First National Bank de Los Angeles para adquirirlo.

Después de comprado fue empacado en cinco bultos, que se remitieron por Wells Fargo Express a Tucsón, consignados a Thomas Dean, a donde llegaron el 6 de mayo. Al verificar su arribo a Tucsón, el Cónsul Huertista, Alejandro D. Ainsle, telegrafió a la Embajada Huertista en Washington, la que solicitó al gobierno estadounidense el embargo del aparato. Sin embargo, alguien que se presentó como Oficial del Tribunal de Justicia Federal autorizó la entrega de los bultos al consignatario, y éste los recogió.

Durante la noche del 7 de mayo los paquetes salían de Tucsón en una carreta tirada por cuatro bestias, aunque al amanecer se descubrió el engaño, y el verdadero Agente Federal ordenó que se incautara el aparato, saliendo en compañía del Vicecónsul Huertista de Tucsón, y alcanzando la carreta en Sahuarita. La embargaron, y dejaron cuidándola al Oficial Reuben Hopkins para regresar a buscar más ayuda a Tucsón.
Mientras, los que llevaban la carreta sobornaron a Hopkins y continuaron su viaje, cambiando su destino a cruzar la frontera por Naco el 21 de mayo. Cuando el Crnl Juan Cabral le informó al Crnl Alvaro Obregón el hecho, éste respondió felicitándolo “por la feliz introducción del pájaro.”

En Naco fue armado el avión y amaneciendo el 16 de mayo era traído volando de Naco a Nogales, de donde fue volado a Magdalena, Carbó y Hermosillo, a donde llegó a las 5 PM. Hubo ciertos contratiempos que demoraron su uso, y no fue sino hasta el 28 de mayo de ese 1913 en que era volado sobre Guaymas, primero para arrojar volantes que ofrecían salvoconductos a los huertistas que se rindieran, y después con unas bombas fabricadas ex profeso que pesaban alrededor de 20 Kgs, sobre Empalme, en donde se encontraba fondeado el barco Huertista “Morelos,” atacándolo y lanzándole las bombas, aunque sin acertar ninguna. 

Posteriormente fueron fabricadas otras “bombas” que consistían en tubos repletos de dinamita y pedacería de metal y que no tenían ni espoletas ni estabilizadores. Para entonces, el cañonero Tampico había defeccionado en Guaymas, cambiándose a los constitucionalistas, y se dirigió a Topolobampo, Sinaloa, en donde fue atacado por los Huertistas que le causaron daños que lo obligaron encallar.

Entonces, Obregón ordenó que el biplano fuese llevado a Topolobampo a protegerlo. En esa acción, según el mismo Obregón lo consigna, “…pudimos observar las columnas de agua que se levantaban cerca de los barcos enemigos (El Guerrero y el Morelos) por la explosión de las bombas que de nuestro biplano se arrojaban…”

Esta es la historia del biplano Sonora y su uso durante esa fase de la revolución constitucionalista en contra de Huerta, en la primera ocasión en la aviación mundial en que un avión haya sido usado en hechos de guerra. Pero también, este hecho inauguró a Nogales como fuente de abastecimiento de armamento para los revolucionarios.

domingo, 7 de marzo de 2010

Inicios de la revolución en Nogales

La primera fase de la revolución en Nogales corresponde principalmente a hechos aislados, promovidos en su mayoría por miembros del Partido Liberal Mexicano (PLM) de los hermanos Flores Magón. De cualquier manera, Agua Prieta y Douglas se convertirían, durante esta primera etapa revolucionaria, en unos de los escenarios más importantes de insurrección al estar situadas entre los pueblos mineros del Norte de Sonora y Sur de Arizona, ya que en ellos la agitación magonista tuvo mayor actividad.

Sin embargo, el primer incidente en Nogales, indicativo de que el Porfirismo no sería la solución social y económica para el país, no estuvo directamente relacionado con el PLM, sino que fue el asalto de seguidores de Teresa Urrea al poblado, el 12 de agosto de 1896.  Esa noche, entre 60 y 70 individuos asaltaron el centro de la población, apoderándose del nuevo edificio de la Aduana, en donde permanecieron hasta el amanecer siguiente. Uno de los participantes en el asalto, Abraham Salcido, continuaría su oposición al régimen Porfirista, ahora como miembro del movimiento Magonista. En 1903 fue arrestado en Morenci, Arizona por provocar disturbios durante una huelga de mineros y condenado a tres años de prisión en Yuma (en la derecha aparece una imagen suya, tomada cuando estuvo preso en Yuma). Al salir libre, se fue a Cananea en donde intervino en el preludio de la huelga que se ha convertido en emblemática de la revolución mexicana.

Y así como lo experimentado por Salcido, hubo más incidentes que tuvieron como escenario a la entonces nueva población de Nogales, los que anunciaban la inconformidad social por la situación económica, y principalmente por la discriminación hacia los mexicanos en México mismo. El espacio de estas líneas no me permite extenderme más sobre el tema, por lo que escogeré para mostrar la inestabilidad de entonces la historia del indígena Mayo, Fernando Palomares, quien desde los primeros años de 1900 distribuía el periódico Regeneración del Partido Liberal (PLM) en nuestra región, y en 1905 publicaba en Tucsón el periódico El Defensor del Pueblo. Al ser éste clausurado, se fue a Cananea a participar en la huelga minera, de donde se dirigió a Los Angeles a seguir participando en el PLM.

En 1908, con el cargo de Delegado especial del PLM, Palomares entraba a Sonora desde Arizona a Nogales, y en una carta dirigida a Ricardo Flores Magón le describió su odisea para escapar de sus perseguidores. Para ir a Nogales desde Tombstone se subió a un tren carguero, aunque fue descubierto por un garrotero y arrojado del tren. Al caer del ferrocarril se lastimó una pierna, herida de la que no se recuperaría jamás. Como pudo, llegó caminando a Nogales (a la derecha muestro una fotografía de la estación del ferrocarril de Nogales, viendo hacia el Sur. Este edificio se ubicaba unos metros más al Sur de la frontera. El acantilado de la Calle Elías se puede apreciar a la izquierda) y de aquí se fue al Bacatete, buscando incorporar a los indígenas al movimiento liberal. Para su mala suerte, esta carta fue interceptada por el gobierno del Estado, lo que desató una feroz cacería que duró varios meses para apresarlo. Así, el gobernador Fernando Cubillas le enviaba un telegrama el 29 de junio al Presidente Municipal de Nogales, Alberto Claussen, pidiéndole: “procure empeñosamente su aprehensión y que se le catee minuciosamente…” De igual forma, fueron alertadas las autoridades de las poblaciones en la ruta del ferrocarril. Sin embargo, parecería que a Palomares se lo había tragado la tierra, por lo que el Presidente Díaz intervino directamente en la orden de hallarlo.

Lo que no sabían sus perseguidores era que Palomares había sido detenido en Guaymas pensando que era un vago, y aunque llevaba correspondencia comprometedora de los Flores Magón no le fue hallada, por lo que la destruyó, comiéndosela. Después de ser liberado se iría a la Ciudad de México, y el 15 de septiembre asistió a la ceremonia del grito, esperando que el Presidente Díaz asomara la cabeza por el balcón Presidencial. Le disparó con un arma que había conseguido aunque no tuvo suerte. Logró escapar cuando la policía se lanzó sobre la muchedumbre, intentando detener al autor del intento de magnicidio. Y así como el caso de Palomares, hubo muchos otros más que qntecedieron a la revolución, y en los que Nogales actuó como escenario.

Lo que no podían prever quienes perseguían a Palomares, era que el más significativo evento por entonces, y en que también Nogales figuraba, ocurrió el 13 de enero de 1910, cuando Francisco Ignacio Madero, quien promovía por entonces al movimiento antireeleccionista, cruzó de incógnito esta frontera, viniendo de Hermosillo, ya que le habían advertido que se preparaban actos violentos para recibirle en el Norte de Sonora, y así desistió visitar Cananea para realizar un mítin en el mineral. Y aún más, Madero mismo no podía imaginarse entonces que su campaña llevaría al inicio de un movimiento con alcances imprevisibles, el que sacudiría profundamente el tejido social y político del país. Eso lo veremos en artículos posteriores de esta serie

viernes, 12 de febrero de 2010

La Fundación de Nogales

El momento de la fundación de Nogales, igual a como sucedió con la mayoría de las poblaciones, no ocurrió cuando llegó el primer poblador, lo que sería imposible determinar, ni tampoco cuando se establecieron ranchos, aduanas, estaciones u otra cosa en el lugar. El momento de la fundación de una población se reconoce como aquel en que es emitido un documento oficial que le da sustento jurídico a la nueva comunidad. Así pasó con la mayoría de las poblaciones de nuestro país, México, o con las de Estados Unidos o de cualquier lugar del mundo. 

La fecha reconocida como de la fundación de Hermosillo, por ejemplo, no fue cuando se estableciera una ranchería indígena allí, momento que no podríamos saber cuándo ocurrió, sino que Hermosillo fue fundado el 18 de mayo de 1700, día de la Santísima Trinidad, día en que el Alférez Juan Bautista Escalante llegó y visitó la ranchería indígena allí establecida, ordenando, además, que en el lugar “ahora y siempre vivirían en dicha ranchería y que harían pueblo en forma, agregando y llamando a otros de su misma nación, para que vivan juntos.”

Tucsón tampoco reconoce como la fecha de su fundación cuando se estableció la primera comunidad indígena en el lugar, que también sería imposible determinar ya que se encuentran asentamientos antiquísimos en ese valle que se remontan al Arcaico, ni tampoco se asigna su fundación a cuando el padre Kino visitara el lugar en 1697. El momento de la fundación de Tucsón, universalmente reconocido, ocurrió el 20 de agosto de 1775, día en que el Corl. Hugo O´Connor, después de visitar el lugar, firmó un documento en el que certificaba que: “elegí y señalé a presencia del Rdo. Padre Fr. Francisco Garcés y el Tte. Don Juan de Carmona para la nueva ubicación del referido Presidio y con la denominación de San Agustín del Toixon.”

Igualmente, y en el caso de Nogales, el momento de la fundación de esta población ocurrió al ser decretada la Ley No. 29 por el Congreso del Estado el 9 de julio de 1884, firmada por el Gobernador Luis E. Torres el día siguiente, y publicada el día 11, ley que erigía en municipalidad a Nogales.

Pero aún más, esta ley prevenía también la posesión jurídica, por el gobierno, del terreno de la nueva población de Nogales, ya que en su Artículo 2 facultaba al Gobernador del Estado “para que arregle” con los dueños del rancho Los Nogales, la adquisición del terreno necesario “para facilitar el progreso de la citada municipalidad.”

Para entonces, los dueños del terreno no eran únicamente miembros de la familia Elías, ya que ellos habían vendido secciones indivisas (es decir, áreas no definidas dentro de la posesión general) del terreno a otras personas. El principal condueño, aparte de los Elías, era Don José Camou, quien había adquirido en 1871 una importante parte del terreno, y el 11 de agosto de 1882 había denunciado las demasías del rancho (4,631.2 Has.), pero además se encontraba la pertenencia que le correspondía a Don José Pierson.

El terreno del Rancho Los Nogales, como hemos visto en artículos anteriores, y muestro en el mapa adjunto (que es interactivo, ya que puedes acercarte y alejarte, así como cambiar el tipo de mapa con los controles que aparecen en el mismo) abarcaba 7 y medio sitios de terreno con dos caballerías (equivalentes a 13,209.8 Has) y comprendía desde el actual Puerto de Encinas en Nogales, Sonora, hasta la confluencia de las actuales Ave. Grand con Mariposa en Nogales, Arizona, calles que, obviamente, no existían entonces y frontera internacional que tampoco había. Poco después la porción del terreno que quedó dentro del Territorio de Arizona, llevó a que José Camou reclamara ante las autoridades estadounidenses su posesión en la Unión Americana, pero ese será tema de un artículo posterior.

Así fue cómo nació nuestra población, convirtiéndose en unos cuantos meses en una de las poblaciones más pujantes en el Estado.  El 5 de Diciembre de ese año, 1884, los hermanos Próspero y Aurelio Sandoval, guaymenses, inauguraban la primera agencia aduanal nogalense. Este fue un momento emblemático que reconocía la vocación que este lugar había tenido desde tiempos inmemoriales y que le sería heredada a nuestra población: un lugar estratégico para realizar el comercio.

Al ser fundado el municipio quedaron comprendidos dentro de su jurisdicción, hacia el Este los ranchos de Santa Bárbara y Buenavista que todavía no adquiría Don Manuel Mascareñas, ya que él llegaría hasta 1885, y por el Oeste el rancho de La Arizona, de un bisabuelo del autor de estas líneas, así como los aledaños al mismo, minerales de Planchas de Plata, Pajarito, Promontorio, La Plomosa y El Durazno.

sábado, 6 de febrero de 2010

Descripciones de Los Nogales entre 1882 y 1884

Las siguientes crónicas nos muestran cómo eran Los Nogales poco después de la inauguración del ferrocarril aquí, cuando todavía no se fundaba la población, cuando aún estaba en pie el campamento de los trabajadores ferroviarios, cuando nadie podía prever que aquí surgiría una población permanente.

La primera corresponde al 12 de octubre de 1882, días antes de la inauguración del Ferrocarril de Sonora en Los Nogales, cuando el Cónsul de México en Tucsón informaba que en la frontera, en el punto en que el tren cruzaba la misma, había surgido un campamento formado por sus trabajadores, "el que indudablemente van a abandonar tan pronto como termine el trabajo.” La razón: no había agua en el lugar, ya que la que se consumía era llevada por tren o extraída de algunos pozos locales. Era un campamento formado por carpas que se extendía desde la vía férrea hasta la actual calle Obregón, y de poco más al Norte de la frontera, bloqueado por el cerro de la actual Calle Crawford, tal vez hasta el callejón Ochoa por el Sur. Obvia decir que estas calles aún no existían y sólo las menciono como referencia.


Y aunque no contemos con una imagen de este campamento, tenemos la de otro contemporáneo, casi gemelo a Nogales, en Calabazas (actual Río Rico, en Arizona), debida a James Cabell Brown. En ella, viendo hacia el Este aparecen las carpas que, en búsqueda de un orden, se extendían sobre el valle a un lado del arroyo Sonoita, que allí confluye con el Río Santa Cruz. Este último así como la vía férrea no aparecen en la imagen, ya que se encuentran detrás de la misma.

En relación con el campamento en Los Nogales, tenemos una descripción que nos dejó un antropólogo holandés, Herman Ten Kate, quien visitó poco después de la inauguración del ferrocarril el Sur de Arizona y Norte de Sonora, cuando realizaba un estudio de las tribus indígenas de la región.

Después de visitar Tucsón y la iglesia de San Xavier del Bac, tomó el ferrocarril en Benson para dirigirse a Sonora y llegó a Los Nogales a las 9 de la noche del 10 de enero de 1883. Su melancólica y sombría descripción del lugar indudablemente estuvo influenciada porque esa noche en particular había luna nueva y a que la tenue luminosidad de las lámparas de petróleo de las tiendas de campaña apenas lograba romper la obscuridad de la cañada nogalense. Escuchémoslo:

“Siguiendo el reflejo de las tiendas iluminadas que veo desde una corta distancia de la estación, me dirijo hacia allá, y en un corto tiempo estoy sentado para tener una frugal cena que me pone enfrente un tipo con el cabello que le cuelga despeinado. Luego de cenar me fijo mejor en el sitio y veo que Nogales consiste solamente en un grupo de tiendas de lona, la mitad de las cuales son bares y “restaurantes.” Entro después a una de esas carpas para ver más de cerca. Aproximadamente veinte hombres bronceados con rasgos salvajes, con sombreros de ala ancha en sus cabezas y arropados en sus coloridos sarapes se encuentran de pie o sentados alrededor de las mesas de juego. Otros, sentados en banquitos o barriles vacíos fuman sus cigarros, mientras que otros más beben mescal o whiskey que les ofrece el cantinero y escuchan los acordes, a veces soñadores y a veces apasionados de una guitarra. Todo se encuentra iluminado por el tenue brillo de un par de antorchas humeantes que han sido amarradas a los postes de la tienda, formando un cuadro digno de un Salvator Rosa..”
Debo explicarle aquí al lector que Herman Ten Kate fue hijo de un reconocido pintor holandés y por lo tanto estaba familiarizado con la obra de Salvator Rosa, quien a su vez fue otro pintor italiano, autor de imágenes melancólicas, pobladas de ruinas y penumbras, como muestro en la pintura de la izquierda, y que muy bien podría corresponder a la cañada nogalense: "Paisaje con viajeros preguntando el camino". Pero sigamos:

“Continúo mi caminata nocturna y encuentro a los mexicanos sentados, silenciosos, alrededor de las fogatas parpadeantes que arden frente a sus tiendas, aunque los enojados perros me hacen el paseo tan difícil que abandono mi caminar por Nogales y me siento en el suelo frente a la pequeña estación de madera del tren, ya que adentro no hay ni sillas ni mesas. Absorto en mis pensamientos, observo el paso de las estrellas a lo largo de las obscuras siluetas del cerro cercano hasta que llega la hora de abordar el tren que me llevará a Hermosillo…”

De esta descripción inmediatamente vemos que el cerro es el de la actual Calle Elías, y que se refiere a la primera estación del tren nogalense: un pequeño cuarto de madera situado unos metros más al Sur de donde la vía del tren cruza la frontera.

Pero esa no fue la única ocasión en que Ten Kate pasó por Nogales. Meses después volvía a cruzar por aquí, ya de regreso de Hermosillo rumbo a Arizona, y de éste suceso también nos heredó otra crónica que por lo somera nos deja con más dudas que respuestas:

“El 9 de abril parto de Hermosillo por tren y en la siguiente mañana, doce horas más tarde me bajo en la estación fronteriza en Calabazas.”

Así, surgen espontáneas las preguntas: ¿Por qué menciona la estación fronteriza de Calabazas y no la de Nogales? ¿Había sido desmontado para entonces el campamento de los trabajadores? Nunca lo sabremos…

lunes, 18 de enero de 2010

Vísperas de la fundación de Nogales

Y así llegamos al periodo entre 1882 y 1884, que comprende de la inauguración del ferrocarril en Los Nogales a la fundación del Poblado y del Municipio.

Comúnmente se piensa que el establecimiento de la aduana en Los Nogales o bien la inauguración del ferrocarril corresponde al de la fundación de nuestra población, lo cual es una simplificación errónea.

El establecimiento el 2 de agosto de 1880 de las aduanas en Palominas, Los Nogales, Sásabe y Quitovaquito (ver aquí el artículo) fue promovido por el gobierno federal para regular en la frontera misma el contrabando que entraba a Sonora, no como poblados . De las cuatro, únicamente Los Nogales y Sásabe evolucionarían a centros de población. Por otro lado, la inauguración del ferrocarril el 25 de octubre de 1882 fue únicamente eso: su inauguración en el punto en que éste cruza la frontera, no la fundación del poblado de Nogales. En ningún documento contemporáneo se considera eso.

Otra fecha que se maneja en Nogales, Arizona como la de la fundación de la población vecina corresponde a cuando Jacobo Isaacson estableció una oficina postal allí, el 31 de mayo de 1882. Sin embargo, también esa es una simplificación errónea. Una agencia postal tampoco es una población sino meramente una oficina para atender a gente que necesite el correo, aún cuando viva sólo en la región y el lugar esté despoblado. Por ejemplo, contemporáneas a la de Nogales, fueron establecidas las agencias postales de La Noria (actual Lochiel), Oro Blanco (cerca de Peña Blanca), Monument y el Washington. La del Washington (entre Nogales y Santa Cruz) fue establecida en 1880, pero para 1882 había cerrado, reemplazada por la de Harshaw (Al Sur de Patagonia). En 1884 regresó al Washington, aunque para 1890 era sustituida por la de Duquesne, etc. Y lo mismo pasó con la agencia de Isaacson cuando éste dejó el lugar: su oficina fue seguida el 4 de junio de 1883 por otra, ahora sí con el nombre de Los Nogales, dirigida por James Breeden.

Ahora bien, hubo otros factores de índole social y económica, además de la aduana y el ferrocarril, que sí contribuyeron durante esos dos años para que naciera la población de Nogales en 1884.

Un factor lo constituyó la reestructuración demográfica del Sur de Arizona y Norte de Sonora con la constante apertura de nuevas minas de cobre en el Sur de Arizona durante esos años, gracias al empleo de este metal en la naciente industria de líneas de transmisión eléctricas. Estas minas necesitaban gran cantidad de mexicanos, quienes cruzaban la frontera por lugares como Nogales, y algunos se quedaron aquí.

Ya vimos en otro artículo cómo, por ejemplo, Tombstone llegó a ser el poblado más grande entonces en la región, ya que en 1882 tenía entre 10 y 14 mil habitantes, mientras que Tucsón, que en 1860 tenía 821 habitantes, para 1880 alcanzaba los 6,492 habitantes.

Y en relación con el movimiento de la riqueza, de los 62 hispanos tucsonenses que tenían más de $1,000 dlls en 1870, 34 habían nacido afuera de Arizona: 27 en Sonora, tres en Chihuahua, uno en Sinaloa, dos en España y uno en Chile. En Sonora, por otro lado, Magdalena alcanzaba entonces unas 6,000 almas, mientras que en Imuris habría unos 500 habitantes.

Otro factor fue la Ley Federal de Exclusión antichina de los Estados Unidos, firmada el 2 de mayo de 1882, que prohibía “la llegada de trabajadores chinos a este país [porque] pone en peligro el buen funcionamiento de ciertas localidades en el territorio” (a la derecha muestro la primera página de esta ley).

Durante la década de 1870 habían entrado, bienvenidos a Estados Unidos, 123,201 chinos; en Arizona en particular se les empleó durante la construcción del Ferrocarril, pero para 1882 la situación cambió al terminar la demanda de su mano de obra. En Julio de 1882, por ejemplo, una turba atacó a los trabajadores chinos del ferrocarril en Calabazas (actual Río Rico), quemándoles carpas y robándoles. Así, Jeff Milton fue contratado como Agente Chino, para vigilar el Sur de Arizona, mientras que la aduana estadounidense continuó en Calabazas. Sobra decir que esta ley contribuyó para que muchos chinos se vinieran a Sonora, a poblar principalmente la región Norte de Sonora.

Otro factor que también influyó sobre el nacimiento de Nogales fue el repentino desarrollo de la ganadería regional en esa década, y la exportación del tradicional ganado sonorense al Sur de Arizona. Era ganado adaptado a nuestro árido clima que, por la dureza de su carne, se decía que era sólo “cuernos, cuero y cojones,” aunque posteriormente lo reemplazarían otras razas más productivas, como la Hereford. Así fue cómo, mientras que en el norte de Arizona continuó casi inalterada la ganadería, el Sur de Arizona, que para 1880 tenía cerca de 12 mil cabezas de ganado, diez años después alcanzaba unas 130 mil cabezas.

Esos y otros factores que sería cansado cubrir aquí contribuyeron para que en el punto en que desde siempre se pasaba entre el río Asunción o Magdalena y el Santa Cruz, y que ahora además era frontera internacional, naciera una nueva población. Eso lo veremos en el próximo de esta serie.

domingo, 10 de enero de 2010

La Inauguración del Ferrocarril de Sonora en Los Nogales

A diferencia de todas las historias que se han escrito hasta hoy sobre nuestra frontera nogalense o aún de Sonora o Arizona, que tienen una perspectiva parroquiana al analizar únicamente lo sucedido en México o los Estados Unidos, esta crónica es binacional. Sería imposible entender adecuadamente a nuestra región sólo desde la perspectiva mexicana o estadounidense siendo, como somos, población y Estados fronterizos.

Así, en los artículos anteriores de esta serie veíamos cómo se construyó el Ferrocarril en Sonora y Arizona, y cómo fue que llegó a pasar por Nogales como consecuencia de las pugnas entre distintas compañías estadounidenses para alcanzar la primacía en construir una ruta transcontinental estadounidense. Ahora veremos los detalles de su inauguración:

El Ferrocarril de Sonora fue inaugurado el 25 de octubre de 1882 en los Nogales cuando la esposa de William Morley, ingeniero del ferrocarril, clavó una clavija regalada por el Gobierno de Sonora, en cuyo cuerpo de plata había sido grabada una locomotora con la leyenda “UNION – PROGRESO,” y en la cabeza de oro aparecía la fecha grabada.

A la ceremonia asistió el Vicepresidente de la Atchison, Topeka and Santa Fe, aunque no pudo hacerlo el Gobernador de Sonora, Carlos Ortiz Retes: se encontraba entonces en abierta pugna con otro grupo político en ascenso, encabezado por el Gral. Guillermo Carbó, quien promovía al grupo de Ramón Corral, Luis Torres y otros, y que le llevarían días después a dejar la gubernatura. El Prof. Enrique Quijada trajo la representación del Gobierno del Estado y pronunció una sentida oración.

Además, al no asistir el Gobernador Ortiz Retes, tampoco vino el Gobernador del Territorio de Arizona, Frederick A. Trittle, aunque envió un discurso que calificaba la inauguración como “uno de los eventos más importantes que hayan ocurrido en nuestra región del Continente,” y elaboraba en una parábola sobre el significado de esa inauguración para unir económicamente a Estados Unidos: “congratulo al pueblo de Arizona de que el océano se haya casado [aqui] con las grandes llanuras.”

Nogales, en aquel momento, era sólo algunas carpas de los trabajadores del ferrocarril y empleados de la aduana según anotó algún reportero, aunque agregó que sus noches le recordaban la bonanza del oro de California porque escuchaba “los violines, gritos y disparos nocturnos,” aunque, afortunadamente “no se ha reportado todavía ningún asesinato.” Sin embargo se equivocaba: el día anterior al de la inauguración del ferrocarril, John Brickwood había matado a Harry Sutter en un “homicidio justificable” en el lado arizonense.

La población más cercana a Nogales en Arizona era entonces Calabazas (actual Río Rico), a cuyo recién inaugurado hotel fueron llevados, al concluir la ceremonia de inauguración del ferrocarril, los 75 asistentes; se les sirvió un banquete y se pronunciaron una serie de brindis por la ocasión. Calabazas tenía entonces unos 150 habitantes, dos salones de baile y cinco tiendas, dos salas Chinas de juego y 16 cantinas. Le seguía más al Norte Tucsón con unos 7,000 habitantes, mientras que en Sonora la población más cercana era Magdalena con unas 6,000 almas.

Para quienes habían construido el ferrocarril a través de Los Nogales, lo único que empañaba el panorama futuro era la división política en el Estado de Sonora y los conflictos del Gobernador Ortiz Retes, lo que llevó a que un periódico tucsonense editorializara: “Se esperaba que los desórdenes y tumultos en nuestro Estado vecino fuesen cosa del pasado… Pero no ha sido así. Los gérmenes de las disensiones locales no han sido desarraigados aún… cuando estas antipatías afectan tan seriamente los intereses y derechos de propiedad de los capitalistas e industrias del exterior -cuando retardan, como la ocurrencia de tales eventos invariablemente retardará – la prosperidad y desarrollo del país, debería ponérseles un hasta aquí. Un brillante futuro se abría para Sonora… en unos pocos años sería el principal de los Estados Mexicanos.”

Sin embargo, al escribir esta frase se detuvo el periodista, y pensando que tal vez se había dejado llevar por la pasión, decidió concluir con una frase conciliadora que expresaba la receta vigente entonces sobre el futuro de Sonora y de México: promover el desarrollo económico. No podía saberlo, creía que este desarrollo económico se transmitiría automáticamente a toda la población como bienestar social, error que conduciría a la revolución de 1910. Y así fue como decidió concluir alentadoramente su editorial: “Aunque tampoco es demasiado tarde para cumplir ese destino. Los disturbios actuales se deben de lamentar pero no son fatales. Todavía hay tiempo para darle paz y protección a la sociedad alterada y asegurar la confianza en las empresas de negocios que son las únicas que pueden lograr los espléndidos resultados que todos los amigos de México habían llegado a anticipar como certidumbre del futuro inmediato.“

El día último de ese mes, a mediodía, pasaba por Los Nogales rumbo a Arizona en un carro especial provisto por la compañía ferroviaria el ya Ex Gobernador de Sonora, Carlos Ortiz Retes. Iba por tren al exilio en la Cd. de México, de donde ya no volvería a Sonora.