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domingo, 25 de abril de 2010

La segunda venida de Carranza a Nogales

En el anterior artículo de esta serie que escribo a propósito del Centenario de la Revolución, describí la venida de Carranza a Sonora y su llegada a Nogales, misma que le sirvió para conocer no sólo esta frontera sino a gran parte de los nogalenses y adentrarse en las rencillas y mecanismos de coexistencia que había entonces entre los distintos grupos locales y regionales.

En este siguiente artículo tocaré la segunda venida de Don Venustiano a nuestra frontera desde Hermosillo, cuando ya conocía a los sonorenses. La importancia que tuvo para el desarrollo de la revolución esta segunda estancia en nuestra población fue primordial, ya que fue precisamente durante esta segunda estancia aquí, en esta frontera y no en Hermosillo, como se maneja a veces, cuando Carranza emitió su Decreto No 10, firmado el día 17 de octubre, por el que integró su gabinete de gobierno.

Según el texto de este decreto, el ganador del momento fue el Ingeniero Ignacio Bonillas, el mismo que había hecho el plano del fundo legal de esta población hacía ya 29 años, ya que Bonillas fue asignado para dirigir dos Secretarías, la de Fomento y la de Comunicaciones y Obras Públicas. Esta designación hecha por Carranza constituyó por otro lado un golpe para el Gobernador Maytorena, ya que las rencillas entre el Gobernador Maytorena y Bonillas se remontaban a finales del siglo anterior, en particular al año de 1897, cuando el cuñado de Maytorena, Cirilo Ramírez, había competido en contra de Bonillas por la Presidencia Municipal de Nogales, y al ver que iba perdiendo se apoderó de varias casillas, lo que llevó a los Maytorenistas a imprimir un opúsculo en el que daban a conocer lo sucedido. Esto había llevado al Gobernador de Sonora entonces, Ramón Corral, ya casi concluyendo su periodo de gobierno, a nombrar a Bonillas como Presidente Municipal de Nogales.


La población hermana a la sonorense, Nogales, Arizona, por entonces había sido adornada en sus calles, ventanas y postes con banderolas que llevaban los colores de los Elks, ya que alrededor de 700 de sus miembros habían venido a la población vecina a su convención, a la que también asistía el Gobernador del Estado, George P Hunt.

El día de la llegada de Carranza, domingo 12 de octubre, por la mañana había estado amenazando tormenta, aunque conforme avanzaban las horas se fue aclarando el cielo. A mediodía llegaba a la estación, ubicada entonces unos cuantos metros al Sur de la frontera, un tren especial que traía a los gobernadores de Coahuila, Venustiano Carranza y de Sonora, José María Maytorena. Este tren había salido de Hermosillo el sábado, aunque los pasajeros habían pernoctado en Magdalena, en donde fueron recibidos con festejos.
Llegando el tren a esta frontera, bajaron los políticos y se dirigieron al cercano edificio de la Presidencia Municipal, ubicado en la esquina de Campillo y Juárez –en donde actualmente se encuentra correos- para presenciar un desfile y pronunciar los consabidos discursos, mientras las bandas de música llenaban el aire y le daban ambiente musical al festejo.

Vendría después una corrida de toros con tres animales en el lado sonorense, mientras que en el arizonense se realizaba un juego de beisbol entre los equipos Tucson Regulars y Nogales Association Team, en el que los tucsonenses ganaron 4 a 2. Ya atardeciendo se reunían en la frontera misma los Gobernadores Carranza, Hunt y Maytorena e intercambiaban discursos. Primero Carranza pronunció unas palabras agradeciendo la bienvenida, seguido por el Gobernador Hunt quien habló sobre la grandeza de nuestra nación, cuidándose, sin embargo, de hacer alguna mención sobre las diferencias que ya entonces se perfilaban entre Carranza y Maytorena: hacía sólo tres meses que Maytorena había sido reinstalado como Gobernador Constitucional de Sonora, y ya desde entonces sus problemas con los constitucionalistas no habían dejado de manifestarse.
Anocheciendo, el hotel Montezuma de la población vecina se convertía en el escenario de un banquete para el cual se sacrificaron tres becerros, y la fiesta continuó hasta ya pasada medianoche amenizada por la música y el líquido ambarino de Milwaukee.

El día siguiente, lunes, partía el tren nuevamente, llevando a los políticos ahora a Cananea, y allí permanecieron entre reuniones, mítines y festividades hasta el jueves, cuando regresaron a Nogales. Y fue aquí, un día después del regreso de Cananea, cuando firmó Carranza el decreto que formaba su gobierno.
Ya anocheciendo el viernes, día 17, para concluir esa semana en el norte de Sonora de actividades políticas de planeación de la futura estructura gubernamental, acudieron todos los acompañantes del Gobernador Carranza al teatro Ramírez a escuchar un concierto. Este teatro, ubicado en donde actualmente se encuentra el Edificio del Estado, le pertenecía a Cirilo Ramírez, como ya dije cuñado del Gobernador Maytorena. Y aunque no he rescatado la lista de asistentes al mismo, es probable que el Ingeniero Bonillas no se haya encontrado entre ellos.

sábado, 27 de febrero de 2010

Los Inicios de Ambos Nogales

El martes, 16 de septiembre de 1884, un mes después de la firma del contrato que establecía el fundo legal de la nueva población, tomaba posesión el primer ayuntamiento de Nogales, Sonora.

Eran las nueve de la mañana cuando un pequeño grupo atravesó el llanito, aledaño a la frontera, que únicamente era aprovechado por la vía del ferrocarril. Pasaron bajo la sombra de un gran encino que permanecía aún en pie, retador frente a las hileras de leña que alimentaban las calderas de los trenes. Iban a reunirse en el local que funcionaba como Salón Municipal, ubicado en la esquina de Campillo y Pesqueira (En la derecha aparece una imagen del llanito, y en el extremo derecho el Salón Municipal. El árbol que menciono, para cuando se tomó la foto ya había sido cortado para construir la Aduana). En el evento le dieron lectura a un oficio, fechado el 7 de ese mes por la Prefectura del Distrito de Magdalena,  en el que se ordenaba tomar protesta al primer Ayuntamiento de Nogales.

En seguida tomó posesión el Presidente Municipal, Juan B. González, seguido de José J. Encinas como primer Regidor, Narcizo (sic) Moreno como Segundo Regidor, Luis Tapia como Regidor Suplente, Luis Aragón como Juez Local propietario y Waldo Briseño como Juez Local Suplente.

Desde esa breve ceremonia, y hasta el Alcalde actual, José Angel Hernández Barajas, Nogales, Sonora, ha tenido 57 Presidentes Municipales Constitucionales según mis números, así como con una cantidad muy difícil de definir de Presidentes Interinos.

El problema para determinar quiénes fueron Presidentes Constitucionales y quienes no, radica en que Nogales y México pasaron desde entonces por la Revolución Mexicana y por conflictos originados en factores políticos y de otra naturaleza, los que llevaron a nombrar Alcaldes en vez de elegirlos; por revueltas y levantamientos en los que se destituían las autoridades municipales; por nombramientos directos hechos por el Ejecutivo Estatal, así como por modificaciones legales que también han ido cambiando los periodos de los Gobiernos Municipales.

Nogales, Sonora, no contaría con un edificio propio, sede de la Presidencia Municipal, sino hasta el 1 de julio de 1897, cuando fue inaugurado el ubicado en la esquina Noroeste de Campillo y Juárez (mostrado a la izquierda, situado donde hoy está correos), que en algo copiaba al de la aduana, ubicado enfrente, y que para entonces tenía diez años de haber sido concluido.

Nogales, Arizona, por otro lado, y como vimos en el artículo anterior de esta serie, en 1893 era incorporado como población, y el Condado Pima, al que pertenecía entonces Nogales, nombraba un Consejo Municipal integrado por Teodoro Gebler, James B. Mix, Antonio Proto, George B. Marsh y Edward B. Hogan. En su primera reunión, el Consejo nombró a Mix como primer Presidente Municipal (Mayor), y un año después era ya electo Don Antonio Proto como Alcalde.

El poblado arizonense, después de que la Suprema Corte de Justicia de Estados Unidos negó en 1896 la reclamación del terreno del antiguo Rancho de Los Nogales de Elías ubicado en Arizona, finalmente pudo obtener en diciembre de 1898 la patente firmada por el Presidente William McKinley, que le concedía un fundo de una milla cuadrada de terreno. Así pudo el nuevo Alcalde, William F. Overton, empezar la asignación de títulos de los lotes ya medidos, los que después de un pago de $5 por el lote, más $7 por el papeleo, fueron entregados a sus nuevos dueños.

Así surgieron Ambos Nogales, poblaciones divididas por una línea internacional que entonces no era visible y por la que nadie impedía el libre paso. Esos primeros años verían el surgimiento, primero, del templo católico, dedicado a la Purísima Concepción, consistente en un gran cuarto de adobe que empezó a ser construido en 1886, aunque su primer sacerdote, Patricio Sánchez, se establecería en octubre de 1890. Otro edificio, el imponente edificio de la Aduana, sería concluido en 1887 con un costo de $83,882.17.

En marzo de 1898 era inaugurado el alumbrado público de la población, consistente en 7 lámparas de arco y 10 incandescentes, y así la cañada dejó en el pasado la obscuridad que la invadía durante las noches sin luna.
Parecía que todo sería bonanza, ya que la economía pujante de la población impulsaba su explosivo crecimiento. Nadie hubiera adivinado que pronto iniciaría la Revolución Mexicana.

sábado, 6 de febrero de 2010

Descripciones de Los Nogales entre 1882 y 1884

Las siguientes crónicas nos muestran cómo eran Los Nogales poco después de la inauguración del ferrocarril aquí, cuando todavía no se fundaba la población, cuando aún estaba en pie el campamento de los trabajadores ferroviarios, cuando nadie podía prever que aquí surgiría una población permanente.

La primera corresponde al 12 de octubre de 1882, días antes de la inauguración del Ferrocarril de Sonora en Los Nogales, cuando el Cónsul de México en Tucsón informaba que en la frontera, en el punto en que el tren cruzaba la misma, había surgido un campamento formado por sus trabajadores, "el que indudablemente van a abandonar tan pronto como termine el trabajo.” La razón: no había agua en el lugar, ya que la que se consumía era llevada por tren o extraída de algunos pozos locales. Era un campamento formado por carpas que se extendía desde la vía férrea hasta la actual calle Obregón, y de poco más al Norte de la frontera, bloqueado por el cerro de la actual Calle Crawford, tal vez hasta el callejón Ochoa por el Sur. Obvia decir que estas calles aún no existían y sólo las menciono como referencia.


Y aunque no contemos con una imagen de este campamento, tenemos la de otro contemporáneo, casi gemelo a Nogales, en Calabazas (actual Río Rico, en Arizona), debida a James Cabell Brown. En ella, viendo hacia el Este aparecen las carpas que, en búsqueda de un orden, se extendían sobre el valle a un lado del arroyo Sonoita, que allí confluye con el Río Santa Cruz. Este último así como la vía férrea no aparecen en la imagen, ya que se encuentran detrás de la misma.

En relación con el campamento en Los Nogales, tenemos una descripción que nos dejó un antropólogo holandés, Herman Ten Kate, quien visitó poco después de la inauguración del ferrocarril el Sur de Arizona y Norte de Sonora, cuando realizaba un estudio de las tribus indígenas de la región.

Después de visitar Tucsón y la iglesia de San Xavier del Bac, tomó el ferrocarril en Benson para dirigirse a Sonora y llegó a Los Nogales a las 9 de la noche del 10 de enero de 1883. Su melancólica y sombría descripción del lugar indudablemente estuvo influenciada porque esa noche en particular había luna nueva y a que la tenue luminosidad de las lámparas de petróleo de las tiendas de campaña apenas lograba romper la obscuridad de la cañada nogalense. Escuchémoslo:

“Siguiendo el reflejo de las tiendas iluminadas que veo desde una corta distancia de la estación, me dirijo hacia allá, y en un corto tiempo estoy sentado para tener una frugal cena que me pone enfrente un tipo con el cabello que le cuelga despeinado. Luego de cenar me fijo mejor en el sitio y veo que Nogales consiste solamente en un grupo de tiendas de lona, la mitad de las cuales son bares y “restaurantes.” Entro después a una de esas carpas para ver más de cerca. Aproximadamente veinte hombres bronceados con rasgos salvajes, con sombreros de ala ancha en sus cabezas y arropados en sus coloridos sarapes se encuentran de pie o sentados alrededor de las mesas de juego. Otros, sentados en banquitos o barriles vacíos fuman sus cigarros, mientras que otros más beben mescal o whiskey que les ofrece el cantinero y escuchan los acordes, a veces soñadores y a veces apasionados de una guitarra. Todo se encuentra iluminado por el tenue brillo de un par de antorchas humeantes que han sido amarradas a los postes de la tienda, formando un cuadro digno de un Salvator Rosa..”
Debo explicarle aquí al lector que Herman Ten Kate fue hijo de un reconocido pintor holandés y por lo tanto estaba familiarizado con la obra de Salvator Rosa, quien a su vez fue otro pintor italiano, autor de imágenes melancólicas, pobladas de ruinas y penumbras, como muestro en la pintura de la izquierda, y que muy bien podría corresponder a la cañada nogalense: "Paisaje con viajeros preguntando el camino". Pero sigamos:

“Continúo mi caminata nocturna y encuentro a los mexicanos sentados, silenciosos, alrededor de las fogatas parpadeantes que arden frente a sus tiendas, aunque los enojados perros me hacen el paseo tan difícil que abandono mi caminar por Nogales y me siento en el suelo frente a la pequeña estación de madera del tren, ya que adentro no hay ni sillas ni mesas. Absorto en mis pensamientos, observo el paso de las estrellas a lo largo de las obscuras siluetas del cerro cercano hasta que llega la hora de abordar el tren que me llevará a Hermosillo…”

De esta descripción inmediatamente vemos que el cerro es el de la actual Calle Elías, y que se refiere a la primera estación del tren nogalense: un pequeño cuarto de madera situado unos metros más al Sur de donde la vía del tren cruza la frontera.

Pero esa no fue la única ocasión en que Ten Kate pasó por Nogales. Meses después volvía a cruzar por aquí, ya de regreso de Hermosillo rumbo a Arizona, y de éste suceso también nos heredó otra crónica que por lo somera nos deja con más dudas que respuestas:

“El 9 de abril parto de Hermosillo por tren y en la siguiente mañana, doce horas más tarde me bajo en la estación fronteriza en Calabazas.”

Así, surgen espontáneas las preguntas: ¿Por qué menciona la estación fronteriza de Calabazas y no la de Nogales? ¿Había sido desmontado para entonces el campamento de los trabajadores? Nunca lo sabremos…

lunes, 18 de enero de 2010

Vísperas de la fundación de Nogales

Y así llegamos al periodo entre 1882 y 1884, que comprende de la inauguración del ferrocarril en Los Nogales a la fundación del Poblado y del Municipio.

Comúnmente se piensa que el establecimiento de la aduana en Los Nogales o bien la inauguración del ferrocarril corresponde al de la fundación de nuestra población, lo cual es una simplificación errónea.

El establecimiento el 2 de agosto de 1880 de las aduanas en Palominas, Los Nogales, Sásabe y Quitovaquito (ver aquí el artículo) fue promovido por el gobierno federal para regular en la frontera misma el contrabando que entraba a Sonora, no como poblados . De las cuatro, únicamente Los Nogales y Sásabe evolucionarían a centros de población. Por otro lado, la inauguración del ferrocarril el 25 de octubre de 1882 fue únicamente eso: su inauguración en el punto en que éste cruza la frontera, no la fundación del poblado de Nogales. En ningún documento contemporáneo se considera eso.

Otra fecha que se maneja en Nogales, Arizona como la de la fundación de la población vecina corresponde a cuando Jacobo Isaacson estableció una oficina postal allí, el 31 de mayo de 1882. Sin embargo, también esa es una simplificación errónea. Una agencia postal tampoco es una población sino meramente una oficina para atender a gente que necesite el correo, aún cuando viva sólo en la región y el lugar esté despoblado. Por ejemplo, contemporáneas a la de Nogales, fueron establecidas las agencias postales de La Noria (actual Lochiel), Oro Blanco (cerca de Peña Blanca), Monument y el Washington. La del Washington (entre Nogales y Santa Cruz) fue establecida en 1880, pero para 1882 había cerrado, reemplazada por la de Harshaw (Al Sur de Patagonia). En 1884 regresó al Washington, aunque para 1890 era sustituida por la de Duquesne, etc. Y lo mismo pasó con la agencia de Isaacson cuando éste dejó el lugar: su oficina fue seguida el 4 de junio de 1883 por otra, ahora sí con el nombre de Los Nogales, dirigida por James Breeden.

Ahora bien, hubo otros factores de índole social y económica, además de la aduana y el ferrocarril, que sí contribuyeron durante esos dos años para que naciera la población de Nogales en 1884.

Un factor lo constituyó la reestructuración demográfica del Sur de Arizona y Norte de Sonora con la constante apertura de nuevas minas de cobre en el Sur de Arizona durante esos años, gracias al empleo de este metal en la naciente industria de líneas de transmisión eléctricas. Estas minas necesitaban gran cantidad de mexicanos, quienes cruzaban la frontera por lugares como Nogales, y algunos se quedaron aquí.

Ya vimos en otro artículo cómo, por ejemplo, Tombstone llegó a ser el poblado más grande entonces en la región, ya que en 1882 tenía entre 10 y 14 mil habitantes, mientras que Tucsón, que en 1860 tenía 821 habitantes, para 1880 alcanzaba los 6,492 habitantes.

Y en relación con el movimiento de la riqueza, de los 62 hispanos tucsonenses que tenían más de $1,000 dlls en 1870, 34 habían nacido afuera de Arizona: 27 en Sonora, tres en Chihuahua, uno en Sinaloa, dos en España y uno en Chile. En Sonora, por otro lado, Magdalena alcanzaba entonces unas 6,000 almas, mientras que en Imuris habría unos 500 habitantes.

Otro factor fue la Ley Federal de Exclusión antichina de los Estados Unidos, firmada el 2 de mayo de 1882, que prohibía “la llegada de trabajadores chinos a este país [porque] pone en peligro el buen funcionamiento de ciertas localidades en el territorio” (a la derecha muestro la primera página de esta ley).

Durante la década de 1870 habían entrado, bienvenidos a Estados Unidos, 123,201 chinos; en Arizona en particular se les empleó durante la construcción del Ferrocarril, pero para 1882 la situación cambió al terminar la demanda de su mano de obra. En Julio de 1882, por ejemplo, una turba atacó a los trabajadores chinos del ferrocarril en Calabazas (actual Río Rico), quemándoles carpas y robándoles. Así, Jeff Milton fue contratado como Agente Chino, para vigilar el Sur de Arizona, mientras que la aduana estadounidense continuó en Calabazas. Sobra decir que esta ley contribuyó para que muchos chinos se vinieran a Sonora, a poblar principalmente la región Norte de Sonora.

Otro factor que también influyó sobre el nacimiento de Nogales fue el repentino desarrollo de la ganadería regional en esa década, y la exportación del tradicional ganado sonorense al Sur de Arizona. Era ganado adaptado a nuestro árido clima que, por la dureza de su carne, se decía que era sólo “cuernos, cuero y cojones,” aunque posteriormente lo reemplazarían otras razas más productivas, como la Hereford. Así fue cómo, mientras que en el norte de Arizona continuó casi inalterada la ganadería, el Sur de Arizona, que para 1880 tenía cerca de 12 mil cabezas de ganado, diez años después alcanzaba unas 130 mil cabezas.

Esos y otros factores que sería cansado cubrir aquí contribuyeron para que en el punto en que desde siempre se pasaba entre el río Asunción o Magdalena y el Santa Cruz, y que ahora además era frontera internacional, naciera una nueva población. Eso lo veremos en el próximo de esta serie.

domingo, 10 de enero de 2010

La Inauguración del Ferrocarril de Sonora en Los Nogales

A diferencia de todas las historias que se han escrito hasta hoy sobre nuestra frontera nogalense o aún de Sonora o Arizona, que tienen una perspectiva parroquiana al analizar únicamente lo sucedido en México o los Estados Unidos, esta crónica es binacional. Sería imposible entender adecuadamente a nuestra región sólo desde la perspectiva mexicana o estadounidense siendo, como somos, población y Estados fronterizos.

Así, en los artículos anteriores de esta serie veíamos cómo se construyó el Ferrocarril en Sonora y Arizona, y cómo fue que llegó a pasar por Nogales como consecuencia de las pugnas entre distintas compañías estadounidenses para alcanzar la primacía en construir una ruta transcontinental estadounidense. Ahora veremos los detalles de su inauguración:

El Ferrocarril de Sonora fue inaugurado el 25 de octubre de 1882 en los Nogales cuando la esposa de William Morley, ingeniero del ferrocarril, clavó una clavija regalada por el Gobierno de Sonora, en cuyo cuerpo de plata había sido grabada una locomotora con la leyenda “UNION – PROGRESO,” y en la cabeza de oro aparecía la fecha grabada.

A la ceremonia asistió el Vicepresidente de la Atchison, Topeka and Santa Fe, aunque no pudo hacerlo el Gobernador de Sonora, Carlos Ortiz Retes: se encontraba entonces en abierta pugna con otro grupo político en ascenso, encabezado por el Gral. Guillermo Carbó, quien promovía al grupo de Ramón Corral, Luis Torres y otros, y que le llevarían días después a dejar la gubernatura. El Prof. Enrique Quijada trajo la representación del Gobierno del Estado y pronunció una sentida oración.

Además, al no asistir el Gobernador Ortiz Retes, tampoco vino el Gobernador del Territorio de Arizona, Frederick A. Trittle, aunque envió un discurso que calificaba la inauguración como “uno de los eventos más importantes que hayan ocurrido en nuestra región del Continente,” y elaboraba en una parábola sobre el significado de esa inauguración para unir económicamente a Estados Unidos: “congratulo al pueblo de Arizona de que el océano se haya casado [aqui] con las grandes llanuras.”

Nogales, en aquel momento, era sólo algunas carpas de los trabajadores del ferrocarril y empleados de la aduana según anotó algún reportero, aunque agregó que sus noches le recordaban la bonanza del oro de California porque escuchaba “los violines, gritos y disparos nocturnos,” aunque, afortunadamente “no se ha reportado todavía ningún asesinato.” Sin embargo se equivocaba: el día anterior al de la inauguración del ferrocarril, John Brickwood había matado a Harry Sutter en un “homicidio justificable” en el lado arizonense.

La población más cercana a Nogales en Arizona era entonces Calabazas (actual Río Rico), a cuyo recién inaugurado hotel fueron llevados, al concluir la ceremonia de inauguración del ferrocarril, los 75 asistentes; se les sirvió un banquete y se pronunciaron una serie de brindis por la ocasión. Calabazas tenía entonces unos 150 habitantes, dos salones de baile y cinco tiendas, dos salas Chinas de juego y 16 cantinas. Le seguía más al Norte Tucsón con unos 7,000 habitantes, mientras que en Sonora la población más cercana era Magdalena con unas 6,000 almas.

Para quienes habían construido el ferrocarril a través de Los Nogales, lo único que empañaba el panorama futuro era la división política en el Estado de Sonora y los conflictos del Gobernador Ortiz Retes, lo que llevó a que un periódico tucsonense editorializara: “Se esperaba que los desórdenes y tumultos en nuestro Estado vecino fuesen cosa del pasado… Pero no ha sido así. Los gérmenes de las disensiones locales no han sido desarraigados aún… cuando estas antipatías afectan tan seriamente los intereses y derechos de propiedad de los capitalistas e industrias del exterior -cuando retardan, como la ocurrencia de tales eventos invariablemente retardará – la prosperidad y desarrollo del país, debería ponérseles un hasta aquí. Un brillante futuro se abría para Sonora… en unos pocos años sería el principal de los Estados Mexicanos.”

Sin embargo, al escribir esta frase se detuvo el periodista, y pensando que tal vez se había dejado llevar por la pasión, decidió concluir con una frase conciliadora que expresaba la receta vigente entonces sobre el futuro de Sonora y de México: promover el desarrollo económico. No podía saberlo, creía que este desarrollo económico se transmitiría automáticamente a toda la población como bienestar social, error que conduciría a la revolución de 1910. Y así fue como decidió concluir alentadoramente su editorial: “Aunque tampoco es demasiado tarde para cumplir ese destino. Los disturbios actuales se deben de lamentar pero no son fatales. Todavía hay tiempo para darle paz y protección a la sociedad alterada y asegurar la confianza en las empresas de negocios que son las únicas que pueden lograr los espléndidos resultados que todos los amigos de México habían llegado a anticipar como certidumbre del futuro inmediato.“

El día último de ese mes, a mediodía, pasaba por Los Nogales rumbo a Arizona en un carro especial provisto por la compañía ferroviaria el ya Ex Gobernador de Sonora, Carlos Ortiz Retes. Iba por tren al exilio en la Cd. de México, de donde ya no volvería a Sonora.