domingo, 13 de diciembre de 2009

La construcción del Ferrocarril en Arizona

Como he resaltado en los artículos anteriores, el cruce por Los Nogales del Ferrocarril de Sonora fue consecuencia de la pugna entre compañías ferroviarias estadounidenses que se disputaban la primacía por realizar una vía transcontinental en la Unión Americana a lo largo del paralelo 32°

En la década de 1870, las condiciones económicas y sociales de Arizona mejoraban gradualmente. La población del entonces territorio alcanzaba los 9,000 habitantes, de los cuales 3,200 eran Tucsonenses, quienes se abastecían de productos desde Sonora como ya vimos en otros artículos o, si eran importados de Europa u otras regiones, llegaban por barco a San Francisco, en donde eran trasbordados a barcos más pequeños que, rodeando la Península de Baja California, los desembarcaban en el delta del Colorado para llevarlos de allí en vapores que ascendían el Colorado hasta su confluencia con el Gila, de donde se transbordaban a carretas de mulas que los llevaban a Tucsón. Mucho de este comercio era también destinado a las minas regionales, cuyos productos y maquinaria seguían la misma ruta, pero en sentido contrario.

En 1871, el gobierno estadounidense promulgó una ley para apoyar la construcción de una línea a lo largo del paralelo 32,° porque quedaría libre de las nieves invernales que regularmente bloqueaban las ubicadas más al Norte. Para realizarla, se le dio la concesión a la Texas Pacific Railroad Company, que la construiría hacia el Oeste desde la frontera Oriente de Texas, hasta donde llegaba su vía, pasando por El Paso y de allí hasta San Diego.

Sin embargo, viendo la oportunidad que el comercio de Arizona les ofrecía, cuatro empresarios estadounidenses, dueños del Southern Pacific, idearon construir otra línea transcontinental desde California hacia el Este, a través de Arizona y Nuevo México. Es decir, en sentido opuesto a la Texas and Pacific.

La Southern Pacific, obviamente, no contaba con anuencia federal para construir una vía a través de los territorios de Arizona y Nuevo México, pero encontró que una compañía local tendría primacía sobre cualquier concesión federal para poder construir en Arizona, y así empezaron el proceso de incorporación de una con esas condiciones. Para entonces, en enero de 1877, el diputado de Arizona, Esteban Ochoa, el mismo que mencioné en el artículo anterior como dueño de una línea de diligencias entre el Río de Sonora y Tucsón, introdujo una propuesta de ley para permitir la construcción de una vía férrea a través del territorio de Arizona, que se convirtió en ley del Territorio en febrero siguiente.

El 30 de septiembre de ese 1877 la Southern Pacific concluyó un puente sobre el Colorado, y los primeros trenes llegaron a Yuma, Arizona. Vino después un alto en la obra cuando surgió otra complicación. Otra compañía más, la Atchison, Topeka and Santa Fe Railroad Co., que tenía construida su vía desde Chicago hasta el Norte de Nuevo México, intervino con otro proyecto más: una línea férrea que, en vez de atravesar de Este a Oeste a Arizona y Nuevo México, lo haría desde el término de su línea en Nuevo México hasta el puerto mexicano de Guaymas. Para lograrlo, se constituyó en México la Compañía del Ferrocarril de Sonora, que obtuvo una concesión mexicana para construir una línea “de Guaymas hasta la frontera norte.” (Más abajo aparece un mapa interactivo de ambas líneas ferroviarias)

Para octubre de 1878 se organizó la Southern Pacific of Arizona, que en noviembre reanudó la construcción de la vía sobre el territorio arizonense: para abril de 1879 llegaba a Gila Bend, en mayo a Casa Grande, y en marzo de 1880 a Tucsón.




Al mismo tiempo, la Atchison, Topeka & Santa Fe a través de su subsidiaria, la New Mexico and Arizona RR. Co construía su línea desde el Norte de Nuevo México rumbo a la frontera con México, mientras que la Texas and Pacific hacía lo propio desde el Este, todavía en Texas. Sólo quedaba por definirse en qué parte de la frontera se encontrarían la AT&SF con la que su filial, el Ferrocarril de Sonora, construía desde Guaymas hacia el Norte, así como el punto en donde se cruzarían con las del Southern Pacific y de la Texas and Pacific.

Haciendo un paréntesis en esta crónica, merece recordar aquí una anécdota sobre cuando el tren finalmente arribó a Tucsón. Aprovechando la ocasión, el Mayor Leatherwood le envió un telegrama al Papa León XIII. Le hacía saber que Tucsón, cuya antigüedad se remontaba a más de tres siglos, finalmente había quedado comunicado con el resto del mundo y le pedía su bendición. No se sabe con certeza qué sucedió, ya que poco después se recibía un telegrama que decía:

“Su Santidad reconoce con apreciación el recibo de su telegrama informándole que la antigua ciudad de Tucsón finalmente ha quedado conectada con el resto del mundo y les envía su bendición. Sin embargo, para satisfacer su conciencia les preguntaría: ¿En dónde demonios queda Tucsón?”

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