domingo, 22 de agosto de 2010

La situación fronteriza durante la primera mitad de 1918

Como vimos en el artículo anterior de esta serie a propósito del centenario de la revolución mexicana, el 1 de diciembre de 1917 entraba en vigor el requisito de presentar pasaporte para poder cruzar la frontera con Estados Unidos, medida de seguridad de la nación vecina debido a su participación en  la Primera Guerra Mundial.

Esta, y otras decisiones afines, tuvieron repercusiones sobre las que me extenderé en otro artículo. Hay, sin embargo, otros factores que influenciaron entonces el desarrollo del Nogales posbélico y sobre los que trataré aquí, ya que unos terminaron y otros iniciaron durante la primera mitad de ese año de 1918.

Por ejemplo, alguien que se haya asomado a los documentos gubernamentales estadounidenses de entonces, encontrará inmediatamente una enorme cantidad de investigaciones sobre posibles actividades de espionaje en favor de Alemania en nuestro país. Estas han permeado algunos trabajos históricos estadounidenses en los que se atribuye injerencia alemana en México. Sin embargo, a pesar de todas estas pesquisas, no se ha encontrado nada en concreto que fundamente alguna interferencia alemana en nuestro país entonces.

De todos los casos estudiados, el más grave y real fue el famoso telegrama Zimmermann.  En éste, el gobierno alemán le prometió ayuda a Carranza para recuperar el suroeste estadounidense, territorio perdido por México a mediados del siglo XIX. Sin embargo, el gobierno mexicano ignoró esa oferta, por lo que no se le puede atribuir de ninguna manera culpabilidad alguna en este ofrecimiento (en seguida muestro el texto del telegrama Zimmermann, puedes hacer click en él, para verlo más grande).


Por otro lado, cierta prensa estadounidense difundía entonces opiniones contra México, promovidas por los intereses del petróleo, ya que políticos como Albert Fall o periodistas como Randolph Hearst, que controlaban la opinión pública, intentaban inhibir que México aprovechase la producción petrolera de nuestro país para el desarrollo interno después de la promulgación de nuestra, entonces nueva, Constitución (en seguida aparece un artículo periodístico interactivo, o sea puedes hacer click en el texto para verlo más grande) en el que se incluye un comentario interesante, atribuido a Villa, acerca del telegrama Zimmermann).


Otro factor, ese sí innegable, fueron los intentos constantes de mexicanos que trataban de romper el embargo a la exportación de armas establecido por Estados Unidos; y lo mismo ocurrió con el contrabando de alimentos y otros bienes que no se podían adquirir en México debido al desmembramiento de las redes de comercio nacionales por la revolución, y que también había sido prohibida su exportación por Estados Unidos.

El caso más grave hacia inicios de 1918 ocurrió el 25 de enero en Ciudad Juárez, cuando un  agente estadounidense descubrió a un mexicano que intentaba cruzar la frontera hacia México con un saco de azúcar. Se le ordenó detenerse pero no hizo caso, se le disparó y eso provocó un nutrido intercambio transfronterizo de balazos que duró una media hora.

Por otro lado, y frente a los incidentes transfronterizos mencionados, el Gral. Alvaro Obregón, trabajando desde su base de operaciones en Nogales, se dedicó también por entonces a organizar a los productores de garbanzo del noroeste del país, que era considerado el mejor del mundo, a través de la Sociedad Agrícola Cooperativa de Sonora y Sinaloa, para vender su producto en España, Cuba o Puerto Rico.

Anteriormente, los productores habían firmado promesas de venta de sus cosechas a los aviadores, quienes les otorgaban crédito para sembrar y cosechar, logrando un precio de alrededor de $10 dlls por saco de cien kilos. Pero después de la formación de la Cooperativa, en parte debido a la guerra europea y en parte debido a la unión de los garbanceros, su precio subió hasta $15 dlls por saco, de los que Obregón recibía una comisión de cincuenta centavos de dólar por saco. Durante 1918 se exportaron 174,863 sacos, los que eran llevados principalmente por tren por Nogales, luego a Nueva Orleans y de allí embarcados a su destino final.
Comercio como éste llevó a que Arizona, obviamente a través del puerto nogalense, ocupase durante la mayor parte de esa década el segundo lugar en importancia de Estados Unidos, tanto en importaciones como exportaciones, después de Nueva York, como puerto comercial con México.

Por otro lado, la economía de los nogalenses era entonces muy pobre: como consecuencia de la revolución no existían fuentes de empleo, y la única actividad económica legal era poseer algún puesto en el Mercado, uno ambulante, o bien trabajar en Nogales, Arizona.

Ese mismo año, en abril, era nuevamente reabierto al culto el templo de la Purísima Concepción y quedó a cargo del párroco José M. Pablos, tío abuelo, por cierto, del Dr. Nicolás Pineda Pablos, investigador del COLSON y quien también colabora para este periódico; para mayo se concedía permiso para vender cerveza a beneficio del ayuntamiento nogalense y de la escuela Cruz Gálvez, ya que en Sonora imperaba por entonces la Ley Seca y el ayuntamiento no tenía dinero.

En junio era abierto un cine nuevo frente a la Plaza 13 de julio, el Lux, y  unos días más tarde Juan Uzeta abría un departamento de muestras “para la selección de mercancías que serán vendidas por The Paso Store”, de Nogales, Arizona, en un departamento de los bajos del Hotel Central: los sastres que habían vestido a los soldados del fuerte militar de Nogales, Arizona, al ver que se aproximaban los finales de la Guerra Mundial y de la etapa bélica de la revolución mexicana, empezaban a reorientar su mercado hacia México.

Sin embargo, casi concluyendo ese verano de 1918 todavía les tocaría vivir a los nogalenses un incidente internacional por el que la población recibió el título de Heroica; el espacio se agota, sin embargo, por lo que cubriré ese tema en el próximo artículo de esta serie.

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