miércoles, 15 de septiembre de 2010

La Independencia en Sonora


La participación sonorense en la guerra de independencia poco a poco ha ido olvidándose, borrándose, desvaneciéndose. Gradualmente las anécdotas, incidentes, vivencias que alimentaron la memoria colectiva de nuestro Estado se fueron haciendo menos hasta casi desaparecer. Por eso se ha dicho que Sonora no participó en esta guerra; más bien, que su papel fue mínimo y que estuvo dirigido contra el movimiento. La realidad histórica, sin embargo, fue mucho más compleja e incongruente al igual que en el resto de nuestro país. Así, quedaríamos por respondernos la pregunta de qué buscaban las distintas clases sociales sonorenses cuando participaron en ella.

Y la respuesta es que, al igual que en el resto de la Nueva España, hubo aquí también diferentes guerras de independencia. Por un lado, la de los criollos adinerados que la buscaban o se le oponían; pero también la de los criollos desposeídos y mestizos que se incorporaron al servicio de las armas españolas cuando, debido a la guerra, desaparecieron las redes económicas que habían sostenido su modo de vida, o también entendemos como tendiente a la independencia la inquietud social de los indígenas que intentaban proteger sus culturas locales y su autonomía comunal, levantándose en armas (en seguida aparece la transcripción de la hoja de servicios de un militar, José Romero, que poco después se convertiría en el Comandante del Presidio de Tucsón, Sonora, realizada en 1817. Debido a su experiencia para lograr la paz con los indios Yuma, después de escribirse esta hoja de servicios se le asignaría la tarea de dirigir una expedición para establecer una ruta de correos por tierra entre Sonora y California).



El Estado de Sonora no existía en aquel entonces. Bajo el régimen Borbón se había creado un sistema en que las Provincias de Sonora y de Sinaloa pertenecían a la Intendencia de Arizpe. Al dar el Padre Hidalgo el Grito de Dolores, el noroeste novohispano era eminentemente rural. Sonora tendría aproximadamente 120 mil habitantes y sus principales centros urbanos, pueblos más bien, eran Alamos, Oposura (hoy Moctezuma), Altar, Horcasitas, San Ignacio (más importante entonces que Magdalena), Pitic (hoy Hermosillo), Tucsón, Navojoa, Baroyeca y Arizpe (la capital) si no olvido alguno; obviamente no existían aún ni Guaymas ni Nogales.

La campaña militar de la Independencia fue encabezada aquí por el Teniente Coronel Don José María González Hermosillo, de 36 años, nacido en Zapotlán el Grande (hoy Cd. Guzmán), Jalisco. Encargado por el Padre Hidalgo de incorporar el noroeste novohispano al movimiento, salió de Guadalajara el 1 de diciembre de 1810 con muy poca gente, aunque en el camino se le fue incorporando mucha más. El 18 se aproximaron a Rosario, Sinaloa, defendido por el Crnl. Pedro Villaescusa, un peninsular de 66 años que iniciara su vida militar sonorense en los entonces Presidios de Terrenate y de Buenavista (en las cercanías del actual Nogales), en el que fue derrotado Villaescusa. González Hermosillo continuó su avance hacia el Norte y ocupó Concordia y Mazatlán, aunque fue vencido el 8 de enero en San Ignacio Piaxtla por el Gobernador Intendente de las Provincias de Sonora y Sinaloa, Alejo García Conde, un español nacido en Ceuta que se aproximaba a sus 60 años de edad. Esa acción le dio la paz por algún tiempo a nuestra región (en seguida muestro la rúbrica de José María González de Hermosillo, cuyo nombre lleva la capital del Estado).



Después, al promover el gobierno el rechazo contra los partidarios de la independencia en esta región, la situación se prestó para resolver situaciones particulares, algunas que nada tenían que ver con simpatías políticas. Así sufrieron condenas algunos sonorenses como el Padre Juan N. Gallo, del pueblo de Tarachi, o Don Felipe Paz, de Ures, e igualmente Fray Agustín Chirlín, que servía al río Sonora, quien al saber que se le perseguía por sus ideas independentistas huyó y se escondió en una cueva hasta que, aprehendido en  mayo de 1814, lo llevaron a Durango, acusado de traición.

Sonora vería también varios hechos de armas con tintes independentistas: en 1819 con la sublevación de los indígenas de la Compañía de Indios Opatas de Bavispe, dominada inmediatamente; en 1820 cuando un grupo de indios Yaqui encabezados por un indígena Jova se levantaron y dirigieron a Chihuahua, atacando Chínipas y Palmarejo, aunque también fueron derrotados.

 Vendría después la promulgación, el 14 de febrero de 1821, del Plan de Iguala con su triple promesa: independencia, igualdad de razas y defensa de la fe Católica, y el viernes 24 de agosto el Comandante de las Provincias Internas de Occidente, Alejo García Conde, el héroe de Piaxtla, lo secundaba en Chihuahua; ignorando ésto, el martes 3 de septiembre hacía lo propio el Teniente Manuel Ignacio de Arvizu en Tucsón, Sonora, y tres días después también lo proclamaba Antonio Narbona en la capital de la Provincia de Sonora, Arizpe. Días más tarde, el 27 de septiembre, el Ejército Trigarante al mando de Agustín de Iturbide tomaba la Ciudad de México y consumaba la guerra de independencia.

Así nació México como nación independiente. Pero este parto no fue feliz, ya que lo acompañarían profundos desequilibrios que en Sonora y México exacerbarían la inestabilidad y la violencia internas, transformando la esperanza de lograr la paz en una pesadilla que duraría hasta finales de ese siglo XIX. Pero eso quedaba aún en el futuro, México ya era independiente.

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